viernes, 27 de julio de 2012

Sin gardenias


Ayer vi gardenias. Justo cuando me ronda la cabeza que cada vez las venden menos. No pude comprarlas, estoy predestinada a no tener ni dos en mis manos. Aparecen en las circunstancias más complicadas: cuando voy en metrobus, cuando no puedo llevarlas a mi destino. Las oportunidades son tan pocas.

Me recuerdan a mi abuelo, el hombre que me cumplía todos los caprichos posibles; el hombre que me enseñó a amar los boleros, el aguacate y el chicharrón. Aprendí a extrañarlo cuando nos dejó en la orfandad. Tres adultos en la orfandad.

Si creyera en el esoterismo pensaría que me visitó en un sueño, ahí me dio la mano, tan suave y tibia como fue siempre. Tan diferente a la mía. En una especie de terremoto en el que caían todos los espejos excepto del que salía él. Rechacé lo que quería decirme. Le dije, envuelta en llanto que no quería saber su mensaje, si es que tenía uno.

Odiaría mi vida “muy liberal” y exigiría conocer al hombre que me acompaña. Sé que con su necedad y la mía pelearíamos muchísimo. Sin embargo, la sola presencia mantenía un orden en nuestro universo, su autoridad era indudable. José Luis, le dejaste toda la responsabilidad al macho de tus hijos y no me refiero al hombre. Ella tiene el temple de acero y a veces se nos quiebra, entonces todo empieza a desmoronarse como una mazorca a la que le cortan los granitos. No quiero su legado, no voy a poder con tamaño de armadura.

Pero estábamos en las gardenias, ¿te acuerdas que las mejores las vendían en el mercado de jamaica? Ramitos de olorosas flores pequeñas. No ha habido quien reciba dos mías, he regalado el libro que lleva mi nombre, accesorios que me gustan, pero no le he dado dos gardenias a nadie. Posiblemente quien las reciba no sepa a qué me refiero y se desconcierte del valor. Tampoco las he recibido, no espero que sepan su importancia.

El otro día me acordé que me enseñaste a igualarme con el cielo.

Ahora no estás tú, no hay gardenias y cantar boleros no es lo mismo. Todo abona al sentimiento de orfandad.
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